lunes, 19 de junio de 2017

Antonio Bueno: a las duras y a las maduras

Foto: ArteantonioBueno Eclepticar (Facebook)
Va siempre con las verdades por delante, incluso en la conversación más trivial. Y eso es muy de agradecer en un escenario social donde raya los oídos la hipocresía más absoluta. Pero como da la casualidad de que (de hipocresía) él está ya más que curado, no sólo no la utiliza jamás, sino que ha preferido siempre ser más claro que el agua hasta en sus momentos más cotidianos.
Ahí es, precisamente, donde luce el don especial que Antonio Bueno tiene hacia los suyos y que los suyos aprecian como un valor añadido a una personalidad hilarante, desbordante y... sobre todo, generosa.
Ya que tiene que ser complicado encajar su vida profesional, en un entorno tan encasillado y caduco, cuando su forma de pensar va dos puntos por delante de la mayoría y cuando, ¡Dios mío!, jalea las conciencias de sus conocidos con pensamientos y valoraciones de la vida real que a los oídos más finos y delicados les provoca una diarrea mental que únicamente podría curarse si, como dice el bueno de Antonio Bueno, cada uno nos dedicásemos a lo nuestro y no metiésemos el hocico en la vida de los demás (deporte local por excelencia).
Yo, como otros muchos que tienen la suerte de conversar con él en el fondo (y muy pocas veces en las formas), creo que necesitamos muchas bocanadas de aire fresco como la que él nos trajo el día en que, definitivamente, echó en ancla en esta tierra tan ingrata que ensalza a los memos y que hace la vista gorda ante quien es capaz de aportar una enorme dosis de originalidad, imaginación y alegría. Esto último se llama "ostracismo", algo que él ha conseguido superar a base de una genialidad intrínseca y tan humilde que jamás ha sido exhibida. Los que lo aprecian, de verdad, lo han hecho por él porque él lo merece.
Esa condición le acarrea no pocos quebraderos de cabeza. Yo diría, más aún, sufrimiento e indignación. Le pierden las causas perdidas y su capacidad de empatizar con los problemas de otros le genera una visible ansiedad. Eso es malo o bueno según se mire. Porque yo, como otros muchos de sus amigos, saben que es una cualidad en vías de extinción y severamente castigada por un pequeño pero consolidado sector del casposerío patrio y local.
Y ahí, precisamente, quería ir yo: en su entorno más personal gravita un fiel grupo de amigos a los que está vinculado desde hace muchos, muchos años. Sus historias coinciden en lo esencial: la naturalidad de las personas, el espíritu artístico en estado puro, la autenticidad y la diversión sin corsés. En una órbita algo más alejada podríamos situar a esa curiosa categoría denominada "happy pandy", que ha querido entender siempre la relación con Antonio como un algo colorista, simpático y superficial que no necesita más afeites que el "ji-ji-ja-ja"... y en esa estrategia se equivocan de plano.
Me consta que a los suyos les ha respondido siempre, en las duras y en las maduras. Y, al mismo tiempo, siempre tiene muy presente quien estuvo cuando tuvo que estar. Al resto les sigue la corriente con educación, pero sin la pasión que le caracteriza.
Su particular prueba de fuego la tuvo al lanzarse al ruedo artístico. Su obra es cómo su propia personalidad: dispar y a la vez única, osada y al mismo tiempo ingenua. Eso sí, valiente como él mismo. Ya me lo decía "a ver, que ya se que no soy Van Gogh...". Ni falta que le hace, porque ya quisiera Van Gogh liar el follón que armó con la inauguración de su primera muestra (la verdad es que no esperábamos menos) y que automáticamente lo puso en el punto de mira del pelotón de fusilamiento del envidioseo local. Aquí, ya se sabe, el que saca la pata está condenado de por vida, si bien tengo la ligera sospecha de que a él, eso, le trae al fresco. ¡Y yo que me alegro!.
El pequeño escaparate de su peluquería ya adelanta, al profano, que ni él es igual ni aquello en lo que trabaja o hace es igual. Pero, afortunadamente, es lo que hay. ¡Y menos mal, porque un simple corte de pelo lleva el añadido de una master class de filosofía existencial clarita y sin dobleces!. Y eso es escandalosamente barato, creo...