domingo, 5 de octubre de 2014

Repartiendo tortas

Fieles a sí mismas (imagen obtenida de la web: http://www.hechoenandalucia.net/149-torta-aguilera-de-antequera.html)
Recuerdo que, de muy pequeño, llegó a casa una película de 35 mm. de aquellas que se utilizaban en los ya casi olvidados proyectores. El film -mudo, porque el proyector no tenía sonido, evidentemente- era una vieja película de blanco y negro en la que, a modo de conclusión, todos los protagonistas terminaban a tartazo limpio en una prehistórica panadería, incluso un monillo muy gracioso que daba y recibía con un arte sin par. La película se llamaba "Recibiendo tortas". Nunca la olvidaré.
Valga esta reflexión para mi particular "oda a una torta". Jamás pensé que escribiría algo así, pero desde hace tiempo me viene pinchando en el interior una vieja deuda pendiente, basada en el casi cariño que desde hace tres largas décadas vengo profesando a un dulce andaluz, curiosamente rústico y de ancestral sabor: Las "Tortas Aguilera".
Hace todo ese tiempo, un buen día llegó a casa un señor vendiendo por los pisos. Nos mostró una bolsa de plástico cilíndrica en la que se disponían, armoniosamente envueltas en papelillo encerado, unos primorosos dulces que el hombre nos recomendó. He de aclarar que aún en esa época aún era normal que alguien te vendiese por las casas, como ta normal es ahora que en plena playa te ofrezcan el tentador paquetito de "Tortas de Algarrobo".
Lo cierto es que las de Aguilera me cayeron tan bien que, años después, me sorprendí a  mí mismo sonriendo cuando las vi en los estantes de los supermercados. Ahí quietas, indelebles al paso del tiempo, manteniendo un packaging que haría a muchos poner el grito en el cielo pero que otros consideran que, precisamente en la fidelidad a sus inicios, radica buena parte del atractivo de estas tortas de Antequera (Málaga), mostradas como un producto de alacena, como un artesanal beso de sobremesa. Y como al César lo que es del César, en mi Covirán más cercano las encuentro como una bendición para paladares algo rendidos al pasado, como el mío, pero siendo a la vez consciente de que la Torta Aguilera es casi un dulce de cabecera, como un empeño personal de las abuelas por mantener cerca de los suyos un bocado clásico, imperecedero y goloso hasta el punto de que por ellas yo le pongo los cuernos -gustosamente- a toda esa asquerosa bollería industrial con que las grandes superficies engordan como pavos a nuestros hijos.
Diréis alguno que otro que he de estar pasadillo de rosca para andar cantando las excelencias del maravilloso regalo antequerano; pero la excelencia debe ser reconocida no por la fama -que bien la merece- sino por el empeño de sus fabricantes en mantener el sello que la hizo diferente hace ya tantos años. ¡Y que dure mucho más!.

lunes, 7 de julio de 2014

La dignidad del pobre

Recién hecha
La foto no dice nada o lo mismo sí. Es una cama recién hecha, recogida... 
La ironía del comentario no pretende ocultar -ni por asomo- la carga de la desdicha. Es más, los dos cartones plegados son un discurso abierto y proclamado en voz alta, por mucho que el pobre del rincón no haga el más mínimo ruido, pase desapercibido y casi que se integre ya en el paisaje urbano de esta ciudad.
Y esa es la gran tragedia: la cotidianidad, la asiduidad, la frecuencia de la miseria y su transformación en un elemento visual "normal" que no despierta ya ni siquiera la compasión.
Por contra, frente a la desidia con que contemplamos puestas en escena como esta, prevalece la dignidad del pobre, haciendo su cama cada mañana; dejando el "colchón" y la "sábana" recogidos y listos para pasar otra noche... eso sí, contando con que no llegue el niñato de turno y le de una patada a los cartones.
Habrá, desde luego, quien se escandalice a la vista del mendigo durmiendo con su cartoncillo de vino tinto de marca blanca al lado, expuesto a la vista como un trofeo del atropello de los derechos humanos. Quien piense así, que pase una nochecita en este hotel al aire libre de la Costa Tropical y -entonces, solo entonces- valore la "desvergüenza" de quienes están condenados a veranear de por vida en plena acera.

miércoles, 11 de junio de 2014

La luz de tus cinco sentidos


Detrás de la puerta hay una habitación amplia donde reina una paz absoluta. Unas manitas mecen los flecos de luz de un precioso cortinaje que cambia de color continuamente, como un suave bamboleo de fantasía que provoca la risa del pequeño, su balbuceo ininteligible y a la vez conmovedor.
Nos explicó la fisioterapeuta que ese precioso espacio es la "sala multi-sensorial" donde se estimula a los niños a través de la comunicación universal de los sentidos, a través de ese nexo primario y humano que no necesita de más lenguaje que el soplo de una sensación envolvente, cálida, cariñosa y sorprendente. 
En medio de la bulliciosa visita que esa mañana recorrió las instalaciones del centro de atención a personas con discapacidad me sentí extrañamente sólo de repente, como si un extraño resorte me hubiese despojado de mi interés informativo y me hubiese puesto un impactante ejemplo de entrega humana para que me olvidase del motivo que me había llevado allí.
La fisio hablaba despacio y suave -como el movimiento de las luces- a un niño de casi nueve años que contemplaba su propio mundo, tumbado, desde el colchoncillo.
Me pregunté en ese momento cual podía ser el motivo para que la sociedad, o mejor dicho todos nosotros- no reparemos nunca en esa corriente fuerte y poderosa que impulsa la calidad de vida de tantos niños como este; que no sepamos nada de nada del trabajo de los miles de profesionales que cada día ayudan a otros tantos miles de niños, adultos y ancianos, a poder sentirse más libres en un mundo que les puso poderosas barreras en el mismo instante de nacer.
Aquel pequeño sonreía y su sonrisa sonaba a la felicidad de sentirse luchador, en  un entorno donde gracias a personas como esa "fisio" cada día se vencen diminutas batallas; cada mañana hay un motivo más para ganarle enteros a la vida y de paso golear en la propia puerta de quienes aún mantienen incomprensibles tabús y prejuicios.
Y he ahí que conocí la historia de una madre. Sí, de una madre. Aquella que hace casi cuarenta años se negó a que el destino venciera su causa y defendió el futuro de su hija, la autonomía de su hija, la oportunidad para ser feliz de su hija... y contribuyó a poner en marcha aquel centro que en ese día tan especial celebraba su jornada de puertas abiertas. Aquel impulso de esa madre generó expectativas nunca soñadas en la existencia de su entonces niña, pero también hizo posible que muchos años despues tantos y tantos como el pequeñín de las luces puedan emprender un viaje difícil, sí, pero ilusionante porque sea cual sea su forma de entender, de sentir, de expresarse y hasta de amar... sea cual sea nos necesitan y es nuestra obligación, como personas, apoyar y construir en torno a ellos y jamás responder con la necedad, la condescendencia o el encogimiento de hombros... podrían ser nuestros propios hijos.
Y aunque solo se que no se nada, ni soy quien para evaluar el trabajo de los fisioterapeutas, de los educadores, de los monitores... sí puedo asegurar que gracias a ellos este mundo es mejor de lo que parece. Me bastó la risita del chiquitín para darme cuenta de la de cosas grandiosas que nos perdemos cada día solo por el hecho de ser tan imbéciles como somos.

viernes, 11 de abril de 2014

La sólida fragilidad de Nora

Nora Cortiñas y, junto a el autor de este blog. Foto: JAVIER MARTIN (Motril)
Cada cual tiene sus propios héroes, sus propios referentes. A los míos los telediarios no les dedican la hora y media diaria que conceden al último resfriado de cualquier futbolista. Los míos son tan desconocidos que nadie de a pie sabría ponerles nombre.
Yo he tenido la suerte de poder fotografiarme con un gran ejemplo vivo y palpable de la dignidad humana, con una mujer que es un grandioso ejemplo de la lucha sin cuartel desde lo más hondo del alma... de la solidaridad impelida desde la tragedia y el dolor.
Nora Cortiñas es la presidenta de Madres de la Plaza de Mayo, encargada de pronunciar la conferencia final de las XII Jornadas de Derechos Humanos e Inmigración celebradas en la ciudad de Motril (Granada) y la prueba palpable de que incluso ante la tragedia absoluta puede plantarse la semilla de la esperanza. 
Una mujer enjuta, con el pañuelo blanco sobre la cabeza y anudado en la barbilla que simboliza la pelea encarnizada de lo pequeño frente al poder absoluto y tiránico; de una generación entera que no supo más de los suyos pero que ha ampliado el horizonte de su eterna reivindicación hacia otros muchos espacios y dolores ubicados en diversas partes del mundo, “las madres fuimos creciendo a medida que fuimos compartiendo otros conflictos que no son solo el nuestro”, decía Nora derrochando en esta expresión todo un caudal de solidaridad que ha desembocado con fuerza en Motril, en el otro extremo del mundo.
Nora exhibe sonrisa tierna de abuela octogenaria. Y lo hace al mismo tiempo que blande sobre su pecho la fotografía casi desvaída y eterna de un hijo arrebatado en el fragor de su reivindicativa juventud.
Esta mujer lleva 37 años paseando por el mundo la causa de su propio hijo; ocurrida el 15 de abril de 1977, cuando este contaba 24 años. Su tragedia sumada a cientos de tragedias que se reviven con pañuelos blancos en la cabeza y un formidable empuje humano en el alma... “El 30 de abril empezamos a ir a la plaza, son muchos años y teníamos todas menos de cincuenta”. Toda una vida cuyo mensaje fue dando la vuelta al mundo; de hecho, Nora Cortiñas explica cómo desde el principio ese mensaje eran entendido mucho mejor fuera de Argentina que dentro, “allí había terrorismo de estado, miedo, la gente no quería saber de esa perversión”. La solidaridad llegó en Europa, Estados Unidos u otros países de América del Sur... “allí compartíamos nuestro dolor, con otras madres, con otros familiares y esa ha sido nuestra vida”.
La presidenta de Madres de la Plaza de Mayo no solo ofreció la conferencia final de la Uned de Motril, sino que participó activamente en la totalidad de las jornadas, abrumada por el atropello a los derechos humanos en El Salvador, Colombia, Honduras... “¿Para qué existe Naciones Unidas o diez años para preparar una convención sobre personas desaparecidas?”, se preguntaba la mujer a quien el auditorio motrileño brindó un impresionante aplauso final.
A mí, particularmente, me conmovió su sólida fragilidad, su alegría innata, su fe en la vida y en las personas... todo un complejo vitamínico de solidaridad recetado por quien ha sufrido en su existencia el hachazo devastador del asesinato y desaparición del fruto de sus entrañas.
Esta foto es algo que quiero mostrar con orgullo. Es un orgullo compartir unos minutos, una entrevista e incluso un delicioso abrazo con alguien como esta mujer.... ¡Gracias, Nora!

jueves, 6 de febrero de 2014

Si los azulejos hablasen... Stop Madrid




Con lo grande que es Madrid y al final resulta que uno termina por escoger un reducido círculo de santuarios urbanos donde buscar refugio en esas noches prolongadas que, siempre... siempre, parecen de fin de semana. Este es uno de los míos (lo es también de muchos más, por supuesto), pero Eva y yo hemos terminado por acogerlo como un pequeño refugio donde hacer la última parada. 
Desde luego, si los azulejos hablasen estos contarían tantas historias que nos duraría el embobamiento una semana entera. Reza en sus paredes el año de su fundación, 1929, siendo una de las tabernas más antiguas de la capital y ya existente en tiempos del reinado de Alfonso XIII. Es más, ese lánguido remanente histórico le confiere un halo especial a este lugar abigarrado, apretado, exquisito en su decadencia y dulce en cuanto a su aroma de letargo. 
Y en ese Madrid raro y multi-todo te juntas allí con grupitos bulliciosos de estudiantes, parejas que esconden su arrumaco entre toneles gastados, solitarios que se sientan y saborean una copa de vino denso y viejo mientras leen un periódico en francés o amigos que conversan mientras discuten si pedir una torta del Casar o Camembert de lomo en orza... Si no hay asiento, tranquilos. Ahí está los bidones metálicos para complementar mientras que las cristaleras nos exhiben una Chueca pintoresca y viva aunque sean las y pico mil de la madrugada de un día cualquiera. 
Stop Madrid es un lugar de conversación animada y de silencio contemplativo que se desliza por las altas paredes, por la bodega tentadora que se exhibe hasta el techo y hasta por la solería que bien podría ser la de la casa de mi abuela.
Me encanta, nos encanta y os lo recomiendo. Podría decir aquello tan gracioso de que se encuentra según se entra en Madrid a mano derecha... pero como aquello es muy grande con que os situéis en Gran Vía, llegar hasta la calle de Hortaleza número 11 es un plis plas atendiendo a las dimensiones y tiempos capitalinos.