domingo, 10 de noviembre de 2013

Cecilia


Este doble LP forma parte de mi vida. Me refiero a sus canciones. Debe ser así, vinilo y pinchado cada vez que uno anda corto de ánimos y el acucia el deseo de refrescar los recuerdos. Mucho después de su muerte su voz entró en mi memoria y allí se quedó a vivir, como una dulce e incomprensible banda sonora. A veces es muy difícil describir o justificar un resorte; ni siquiera se como me dejé cautivar por canciones que ni siquiera entendía en sus adentros, sino en su aparente y superficial poesía. Después supe que fue valiente, que arriesgó y que amaba su trabajo por encima de todo. Lo que yo no se es si imaginaría la propia Cecilia que su leyenda la sobrepasaría en décadas de admiración.
Hace muchos años, Beatriz Palomo le dedicó un programa monográfico en la inolvidable Radio Ceuta de la Cadena Ser, donde en las primeras horas de una noche tranquila nos sirvió a través de la no menos inolvidable onda media diez o doce temas también inolvidables (redundo a posta, ¡eh!), que entrarían en mi álbum personal e intransferible de sentiminientos. Ese programa afianzó mi devoción por Cecilia y la dejó ahí, subyacente y sobreviviendo a etapas vitales, fases.... hasta el punto de que cada tema o cada frase la puedo asociar de inmediato a momentos o personas que han ido dejando su pequeña-gran huella en mi recuerdo.
Así andamos, y justo cuando llevas un tiempo sin acordarte del ramito de violetas o de la dama absurda y respingada de la canción se activa otra vez el interruptor de la nostalgia y vuelve Cecilia. Y ojalá vuelva siempre, pues mientras provoque sensaciones difíciles de explicar será la señal inequívoca de que en nuestro interior sigue fuerte y muy viva la capacidad de emocionarnos.