viernes, 2 de agosto de 2013

La voz del mako

Creía que ya no existían revistas impresas al modo en como lo hacíamos en tiempos de instituto: a tinta negra, de apariencia cuasi fotocopiada, de maqueta más propia de un programa básico de tratamiento de textos... Lo creía hasta que cayó en mis manos 'La voz del mako'. El mako es la cárcel, en el argot normalmente desconocido para el ciudadano de a pie. Más bien no cayó en mis manos, sino que hice ver a uno de los reclusos del centro penitenciario de Albolote que yo quería tener un ejemplar, atraído no solo por la iniciativa -que yo desconocía y que también se plasma en un blog- sino por el contenido que, estimo, un gran sector de la sociedad debería conocer en profundidad y darse cuenta, con ello, que los muros carecen de sentido si lo que se pretende es apartar de la sociedad, 'penar' en el sentido en que se mantuvo este concepto hasta el siglo XVIII o negar la evidencia de que este país debería, de vez en cuando, echar un vistazo a lo que se cuece en el interior de las cárceles.
Y he ahí que yo mismo, como otros muchos compañeros, nos llevamos la gran sorpresa. Es cierto que existe una realidad penitenciaria dura, difícil, sórdida y tremenda, sí. Pero también es preciso advertir que en el actual sistema que rige la vida diaria de nuestras cárceles existe un creciente movimiento que lucha de manera fuerte y valiente por conseguir un mayor grado de integración de la población reclusa, un esfuerzo por trabajar al unísono con esta para que los internos puedan reincorporarse a una vida civil a la que renunciaron o se vieron obligados a renunciar. Por eso mismo llama la atención la creciente implantación de los "módulos de respeto" que proliferan en los centros penitenciarios y que obliga a que internos (presos) y funcionarios a adoptar un rol totalmente distinto al que hemos conocido como la habitual convivencia carcelaria. 
La vida en estos "módulos de respeto" se basa en esto, en el respeto mutuo y en crear un marco permanente de relación normalizada que se aleja y bastante de los estereotipos conocidos y que se adivina como -esperemos que así sea- la tendencia a seguir en un futuro no muy lejano por la totalidad de los centros de España. También es verdad que muchos presos se niegan, de motu propio, a integrarse en estos módulos, pero es innegable que crece exponencialmente la población reclusa que asume una amplia carta de deberes y se adhiere a ese modelo distinto de convivencia señalado.
Pero, en todo este contexto, "La voz del Mako" distrayó mis pensamientos. La revista me pareció, en su apabullante sencillez, lo más sincero que he visto y leído en años. El ansia de libertad se expresa con un intento estremecedor por recuperar el tiempo perdido, resarcir daños y dolores ajenos, la esperanza por una nueva vida... por una nueva oportunidad; y es en esto último donde creo que existe quizá la mejor justificación de la revista: la creencia firme, por parte del recluso, de que la sociedad exterior está dispuesta a dar esa nueva oportunidad a quienes la piden a voces incluso en silencio. 
Pienso entonces en todo ese esfuerzo en los módulos de respeto, o fuera de ellos en la soledad de la celda, en el esfuerzo del recluso que quiere olvidar, resarcir, ponerse en paz con los demás y consigo mismo... pero esto no sirve si la misma sociedad no está dispuesta a abrir mínimamente los brazos. Estamos de acuerdo en que hay miles de casos irrecuperables, tremendos y alejados de cualquier intento ni de auto-compasión ni de compasión exterior; pero también en que miles de personas que hoy sueñan cada noche, tras los muros de la penitenciaría, con la libertad que un día dejaron volar a saber por cuales tristes designios.
La revisión del sistema penitenciario no está solo en manos del legislador, ni dentro de las paredes alambradas de la cárcel, sino en el conjunto de la mentalidad de un país que es capaz de perdonar la actitud criminal y delincuente de cientos de auténticos sinvergüenzas que nos sonríen cada noche en los informativos, o en los platós de TV, a los que 'perdonamos' con condescendencia, mientras que no somos capaces de reconocer que en el mako ven pasar la vida otros tantos miles de personas normales y corrientes que una vez se equivocaron en su vida y a los que condenamos sin ni siquiera pararnos a saber más nada de nada.
También podríamos hablar de la insultante insuficiencia de personal de la administración penitenciaria, de funcionarios, de psicólogos, de educadores, de sanitarios... de una escandalosa necesidad de ese personal en centros masificados y atendidos por una plantilla que hace años ya era escasa (de manera inaudita) y que contempla con espanto la nula convocatoria ni de oposiciones ni de plazas ante el más que previsible aumento de la población reclusa a causa no solo de la crisis, sino de las anunciadas reformas del Código Penal. Un personal profesional, tremendamente profesional, que está dando la talla mucho más de lo que la ciudadanía es capaz de percibir.
Así vamos. Y mientras tanto quiero sentir y creer en que la insistente esperanza que proclaman todos cuantos firman, hablan o expresan sus sentimientos en "La voz del mako" es una certeza de verdad. Soñar no cuesta nada y más si ello implica creer en una sociedad mejor.