viernes, 22 de junio de 2012

Tres bandejas de pasteles

Cuando llegaba el mes de junio solo pensaba en que habría una última mañana de fila en el patio del colegio, bajo un sol despiadado. Pero también pensaba en que se acercaba San Antonio. El 13 de junio olía a siempre a domingo y los 'Antonios' eran legión en la familia. Pero ese día era su día y su día nublaba al resto por su edad, por su manera de ser y por el caudal de amigos que, en esa siempre mañana llena de luz, acudían a llamar con los nudillos a la puerta de su casa de toda la vida, aquella por la que el burro de labranza entraba cada noche por mitad del pasillo hasta el patio de bestias.
¡Antonio!, ¡Antoñico!, ¡Compadre!...¡Caimán...!....
¡Abuelo!...
A las doce del mediodía, con la casa llena de gente, ya había dos o tres bandejones de pasteles sobre la cama de matrimonio. Era costumbre llevarlos a esa habitación, la mejor fresquera de la casa y el santuario donde la reata de chicuelos no osaba mancillar con sus zapatos y chanchas sucias. Pero no podíamos evitar entrar y expoliar los bandejones de sus más atractivos e irresistibles manjares de confitería. Eramos como moscas o abejitas que morían por el dulce aroma e ignorábamos el choto que se hacía, a fuego lento, en el patinillo de la casa.
Una vez reventó la solería del calor.
Tres bandejas. Siempre tres bandejas de pastelillos. Hoy en día no he visto nada igual ni por tamaño ni por olor supremo. Ya no las hacen así... Hoy no paga nadie un dineral por enviar a nadie una bandeja de pasteles.
Pero él se las merecía todas, para eso le había echado tanta cara a la vida.
Miles de años después, cuando a San Antonio le pica la barba de tanta calor prematura, vuelo a percibir esos olores dulces que se pegaban como miel a los besos y felicitaciones que recibía aquel hombre de campo, mientras que en el patinillo se hacía -a fuego lentico- el choto que ponía colofón a una mañana de risas y abrazos.
Hoy no está él para ser el centro de toda aquella inmensidad de sabores y aromas con que festejábamos su día; pero yo si me acordé de él y cada día 13, aunque no lo sea, para mí será un domingo especial.

lunes, 11 de junio de 2012

L@s chic@s de 'Puebla de las Mujeres'

Podía haber escogido otro título, un circunloquio quizá más evocador. Pero quiero que rápidamente, por mor de la magia de Facebook o Twitter algunos de aquellos incandescentes jovenzuelos del Abyla y Siete Colinas se den por aludidos y se concedan la suerte de unos minutos de magia retrospectiva. Hoy, cuando muchos de ellos andarán peleándose con hijos que contarán con aquella increíble edad en la que nos hicimos cuasi-adultos de golpe, el paso del tiempo no podrá arrebatarles la sucesión de unos días increíbles, de ensayos prolongadisimos, entregados y divertidos o de madrugadas de conversaciones vitales para la edificación de los pilares de nuestra personalidad.
Y fue así. Yo, que jamás osé a pronunciar en público ni una sola palabra y cuando aún gustaba a escondidas de los Clics de Famóbil o de andar por ahí con pantalones cortos (de los de por encima de la rodilla), me vi empujado a participar de una aventura llamada grupo 'Al-Andalus', del que germinaría una única e inolvidable representación que marcó, que maravillosa e irremediablemente marcó, nuestras vidas.
No imaginarían los hermanos Alvarez Quintero que su portentoso sainete uniría a una veintena de adolescentes hasta arrastrarlos al desenfreno de la amistad, a la exaltación vital y preciosa del futuro que se está escribiendo. Sobre el escenario de aquel inmenso salón de actos -compartido del instituto 'masculino' y del 'femenino'- nos convertimos en personajes de una Andalucía mágica, al tiempo que despertó en todos nosotros el interés y casi la devoción por las tablas, por la comunicación y por la expresión en todos los sentidos.
Pero fue algo más, aquella inolvidable profesora, María Jesús de Lara Yuste, nos enseñó a querernos a nosotros mismos. Y en ese descubrimiento todos a la vez tendimos lazos de increíble fortaleza que aún hoy, décadas después, me atan (afortunadamente) a amigos tan importantes para mi como aquel curica irredento que escenificaba Felipe Román con quien hoy, muchos, muchos años después, recordábamos por  WHATSAPP aquel milagro de tardes eternas que iniciábamos emulando el acento grácil y liviano del pueblito gobernado por mujeres de tronío, y que terminábamos en confidencia colectiva de amores incomprendidos, no correspondidos... compartíamos esos secretos tan grandiosos que solo a esa edad puedes esconder. Se fumaba a hurtadillas... Recuerdo como Mari Carmen Luque en pleno ensayo me dijo... "Enciéndeme un cigarro y me lo traes"... a lo que yo respondí... "¿Y eso como se hace?". Iluso e imberbe de mi.
Hoy los nombres ficticios y los reales se me confunden, pues hace años que no se nada ni de Pepe Lora, ni del Guitarra, ni de Juan Mellado...Se que muchos cruzaron el charco, otros aún permanecen en la orilla mágica del lugar donde echaron el ancla, para siempre, nuestros sueños. Y no me olvido de nadie, no. De ninguno.
Eso sí, una docena de increíbles fotos congelaron el instante del pre-estreno, un momento que para mí supuso estrenar el inicio de un recorrido que me llevaría lejos. En esa tarde, rodeado de todos mis amigos, soplé las velas de mi cumpleaños. Tal día como hoy. Horas después, 'Puebla de las Mujeres' puso en pie a los más de doscientos espectadores que abarrotaron aquel salón de actos, atraídos por la curiosidad de ver de qué eran capaces sus compañeros de instituto, en esa edad en la que el sentido del ridículo es un arma potente y devastadora. Pero no, nosotros nos vestimos, nos maquillamos, nos equivocamos, nos meábamos de la risa y creo, creo, que incluso llegamos a llorar.
Cuando Maria Jesús salió al escenario a presentar; todos nos miramos tras de las bambalinas siendo muy conscientes de que habíamos cruzado una línea hacia el mañana y que todos habíamos aprendido el valor de la unión, de compartir, de aprender juntos y de asumir la cultura como un tesoro que es necesario apretar contra el corazón.
Aquella borrachera de éxito, de exaltación juvenil nos duró muchos días. Todos a una. Todos juntos a todos sitios. Nadie fue capaz de decir en voz alta que el verano se acercaba y con él la diáspora. Pero esta fue solo física; el tiempo ha demostrado que los recuerdos permanecen; que la gente o tu gente siempre te acompañará en el equipaje intemporal e inmaterial con el que sorteamos las etapas de nuestra existencia.
'Puebla de las mujeres' fue mi alternativa a la vida adulta. Y me dejó algo que en lo que tiempo después reparé: me di cuenta que ya no tenía miedo a hablar en público (y mirad por donde me fue a salir la jugada).
No se por donde andaréis, chic@s. Pero si alguno lee esto recordad cuanta felicidad irradiábais al mundo aquel lejano 10 de junio.