sábado, 9 de julio de 2016

El hombre que reinventó el cherry

Con la marcha de David del Pino, el sector agrícola costero de Granada pierde a su principal ideólogo.

David del Pino (cedida)
Por: Fermín Anguita / Motril (Granada) / Para la generalidad del conjunto económico y social de la Costa Tropical ha sido una sorpresa. Para quienes saben leer entre líneas, el anuncio del actual director general de Granada-La Palma, S.C.A., David del Pino, no ha venido sino a corroborar algo que se intuía desde hace ya mucho tiempo.
Su renuncia se ha expuesto de la misma forma que ha ejecutado su labor profesional durante años: de manera eficaz, directa, elegante, aséptica y sin dejar ningún doblez al aire para que cualquiera pueda tirar y rebuscar en oscuros motivos que nadie encontrará.
Y es cierto. Por mucho que a algunos escueza la afirmación, la marcha de David del Pino del gigante del tomate cherry costero supone, para Granada-La Palma, la pérdida de uno de sus grandes activos. Quienes opinen que “nadie es imprescindible” se equivocan de plano; porque difícilmente pueden darse en una persona -en el puesto que él ha desempeñado- dos cualidades que, en nuestra zona, parecen totalmente divergentes y ausentes: inteligencia y capacidad comercial; algo que a David algunos no le han perdonado, precisamente porque de intelectualidad andamos cortos, muy cortos, en un sector que necesita ahora y más que nunca a ideólogos como él. Y en relación con nuestro cherry él ha tenido mucha “culpa” de la colosal expansión del producto en Europa.
Pero su clarividencia organizativa, estratégica y comercial ha sido de tal calibre que, como ocurre con las personas que están en un escalón superior sencillamente porque merecen estarlo, lo ha terminado convirtiendo en un elemento molesto para los que no pueden hacerle ni un centímetro de sombra. Ya se sabe... el cretinismo de la mentalidad empresarial de la zona o el ego de muchos carguillos directivos o representativos que, sin apenas preparación, creen ser “algo” en el sector son realidades incompatibles con la solvencia intelectual y organizativa de quienes se han preparado concienzudamente para ello, caso de David.
De hecho, mal comenzó en una zona, como esta, donde solo se premia y reconoce el trabajo de quien es abrumadoramente mediocre. Llegar de EEUU con un impresionante bagaje y caminando ya diez años por delante de muchos de los que, del túnel de la Gorgoracha para abajo, acostumbran a creerse los grandes oráculos de la agricultura, no fue precisamente un acicate para su aceptación total. Nada extraño en un entorno social donde la ramplonería goza de buena reputación, frente a la actitud de quienes no alardean de su capacitación, seriedad y experiencia... y ese ha sido el fallo de Del Pino, que antepuso siempre su trabajo anónimo y medido, además de una extraordinaria visión de futuro a la inmediatez, exigencia, improvisación y la peligrosa “catetura” con que en toda la comarca se quieren zanjar, con escandalosa frecuencia, cuestiones que no deben ser examinadas más que desde el conocimiento, la sabiduría y la visión clara... Y así nos luce el pelo.
Decía al principio que su marcha se intuía. Como no podía ser menos, lo anunció desde su perfil de Linkedin. Pero hace ya dos años, quienes hemos seguido desde la barrera (con bastante admiración, lo confieso) la trayectoria de Del Pino, veíamos venir esto.
Está claro que hay un instante en la vida de las personas en que hay que poner la balanza sobre la mesa y elegir, de manera drástica y así ha ocurrido. Creo que David lo ha tenido muy claro: la continuidad debía ser necesariamente desechada. Su techo aquí hace tiempo que lo rebasó muy por encima y para un hombre de su potencial, en el mejor momento de su trayectoria puede resultar casi indecente que su horizonte no pase más allá de los cerros del Conjuro. Ni puede ni debe. Cosa distinta es el silencio extraño de su entorno más cercano. Es más. Nadie aquí vendrá a reconocerle nada, porque una vez más aquí los únicos que reciben premios son los que más alarde público hacen de su propia incompetencia y me temo, afortunadamente, que David no está entre ellos.

Visionario. Me reía cuando alguien me intentaba equiparar a David con un tecnócrata o un burócrata... si lo dicen por su eterno traje y corbata... puede ser (y en esto les lleva ventaja a todos) ; pero entre estos y el hasta ahora director general de La Palma hay una gran diferencia: la acomodación de aquellos a un simple puesto y, para este, poner el puesto bajo la suela de los zapatos, utilizando su capacidad visionaria para proyectar la producción agrícola costera hasta situarla a la cabeza del mundo.
Pero hay más: su “invisibilidad” en fotos oficiales, ferias y congresos (donde llegaba el primero, se iba el último y no descansaba ni para comer) ha demostrado, de manera fehaciente, su desdén por el compadreo, tan abultadamente manifiesto en el sector. En Fruit Logística (Berlín) o en cualquier otro foro nacional o internacional él ha llevado a gala representar una marca, una firma comercial, un puesto... y eso, para David, nunca ha casado con la bochornosa estampa de un vaso de cerveza, en la mano, durante cualquier gestión comercial en un espacio público. Pero, claro, estas veleidades tampoco se perdonan mucho por aquí sobre todo cuando vienen de alguien al que solo mueve y motiva el sentido de la responsabilidad.
Lo único real, para vergüenza de este municipio que carece totalmente de visión de futuro, es que consintamos que se nos vayan los mejores. La costa viene sufriendo una fuga de cerebros silenciosa y constante. Nadie con dos dedos de luces y un equipaje mental, académico y laboral como el de David del Pino puede plantearse encerrarse en una zona que, por mucho que nos intenten vender, se muere lentamente y cuya economía (por mucho que también intenten vendernos algunas empresas) es ya de mera subsistencia para la generalidad de los trabajadores.
¿Su próxima parada?... como todo cuanto ha hecho, no vendrá precedida de los fuegos artificiales con que, en esta zona, se orquestan la llegada de cualquier mediocre a cualquier cargo de medio rango. Tardaremos en enterarnos oficialmente.... pero muchos sabemos que la sorpresa va a ser grande, que allá donde se ponga por delante es una garantía de proyección y que David del Pino merece estar en cualquier lugar donde se pueda mirar el horizonte haciendo un giro de 360º sin que, en algún momento, te topes con el cogote de la mediocridad... (¿he vuelto a decir “mediocridad”?. ¡qué pesado soy!).



viernes, 13 de mayo de 2016

Papá Noel ha muerto en Motril


Me quedé con todas las ganas de dedicarle un reportaje. Hace dos años lo vi de espaldas, encorvado y metido en su propio personaje; sin más escenario que la calle trasera de un polígono comercial feo y desvencijado y sin más público que dos o tres perrillos tan pobres como él.
Le conocían bien quienes transitaban a diario por un parque empresarial que se va comiendo un campo, también marchito, donde a duras penas mantuvo hasta el final el cobertizo inmundo donde lo encontraron pudriéndose en un olvido que sólo era de él.
Lo busqué en varias ocasiones, con el temor y el pudor de quien quiere contar la historia de quien no la tiene, con la certeza -que siempre tuve- de encontrarme con una mirada fría o un bufido por respuesta. Lo hubiese comprendido de todas todas; pero me podía más mi vocación que la intención. 
Me advirtieron de mil historias de un pasado que nunca me interesó y que, por mor de mi propia educación, nunca me ha servido para justificar ni para enjuiciar la vida de nadie. El presente, su presente, era argumento más que suficiente para ilustrar mi deseo de contar cómo el mundo que me rodea se ha desmoronado ante la indiferencia de todos.
Si lo buscaba no lo encontraba. Si no lo hacía me lo topaba en el momento más inesperado e inútil para intentar un acercamiento con quien se me antojó, desde el primer instante, un Papá Noel convertido en un trapo viejo. Su barba blanca era tan amarilla como la ropa sucia que llevó siempre puesta, como los trastos inservibles que se amontonaban en el carrito. El eterno carrito de la pobreza.
Hace muy pocos días, un despacho de una agencia de noticias daba fe de su muerte. Por decirlo de una manera fríamente periodística. Si lo traducimos al espanto de un mundo enfermo, diremos que lo encontraron tirado entre los cartones y matas infectas de su medio chabola construida a menos de 200 metros de los pisos de lujo de la zona.
Llevaba días, muchos días, inerte como esos muñecos que aparecen entre la basura a los que les falta un brazo y un ojo. Un alma caritativa lo echó en falta al no verlo trajinar en su mísero quehacer de cada mañana de su inexplicable existencia. La policía lo encontró y su estela no duró más que las escasas líneas de una nota de columna sin foto en la parte inferior de la página 4 de cualquier periódico.
Supe que se trataba de él sin tener que leer más que el titular. Es más, mucho antes intuí que pasaría más temprano que tarde. Y también intuí que su muerte no interesaría a nadie. Acaso unos pocos "compartir" en Facebook sin más intención que el morbo del descubrimiento del lado más sórdido de la muerte.
Me dolió profundamente no haber hecho aquel reportaje que hubo de merecer en vida. Hoy reflexiono por su muerte. No pretendí vanagloriarme por volver a escribir, una y otra vez, de cuanto abomino el desprecio de los seres humanos hacia sus semejantes. Quise intentar ayudarle a levantar su bandera personal en un pueblo al que lo que le pasara no importaba lo más mínimo, salvo el hecho de ser un adorno pintoresco en el frenético discurrir diario del polígono industrial.
Muy pronto, un nuevo vial hará que la memoria se olvide que allí vivió y murió un hombre sin pasado ni futuro; tan solo un presente gris y mugriento que él mismos se negó a comprender porque siempre caminó con la cabeza agachada.
Descanse en paz.